Queridos milenials:

Os escribo esta carta desde más allá de la puerta de Tannhäuser de los 40 años. Antes de nada, perdón por lo de milenials. Supongo que estáis hasta el tracto rectal de leer la puta palabreja en boca de viejunos. Pero es que los viejunos somos así. Necesitamos etiquetarlo todo y que nos lo den todo mascadito. Si os sirve de consuelo, a nosotros también nos bautizaron los viejos de entonces. Éramos la Generación X, nada más y nada menos. Recién salidos de la escuela de jóvenes talentos de Charles Xavier, como quien dice. Manda huevos.

Bueno, a lo que íbamos: lo que os venía a decir es que estáis jodidos. Pero no jodidos en plan coyuntural, como que estáis pasando una mala racha y que esto ya cambiará. No, cuando digo jodidos, me refiero a jodidos sine die. Jodidos no como estado temporal sino como lugar de residencia. Jodidos como apellidos y razón social. Jodidos rango miembro premium. Muy, muy jodidos, vaya.

Y no esperéis ayuda, porque estáis más solos que la una. Y si no me creéis, ya que estamos hablando de generaciones, vamos con los que tienen un nombre aún más ridículo que los nuestros. Sí, queridos milenials, demos un repaso a los baby boomers.

Los baby boomers son todavía más viejos que nosotros. Están recién jubilados o a punto de hacerlo. Incluso, algunos han disfrutado de una prejubilación, que si os lo explico os va a sonar a ciencia ficción, así que mejor lo dejamos así. Los sueldos que tenían ellos, vosotros no vais a olerlos y de cosas como las 14 pagas, indemnizaciones por despido, subidas de sueldo recogidas en convenio o las horas extra remuneradas mejor no os voy a hablar porque tampoco es cuestión de hacer sangre.

Cierto es que su juventud no fue un camino de rosas. De hecho, lo primero que te dirán, aunque no preguntes, es que vivieron una dictadura y que nosotros no sabemos lo que era eso, entiéndase “nosotros” por todo bicho viviente nacido después de 1960. Todos, absolutamente todos, corrieron delante de los grises. También nos trajeron la democracia. Vale, dicho así suena a gesta heroica pero cuando ves que Franco murió en la cama, que el que asumió el poder fue su heredero, que el gobierno de transición lo formaron sus acólitos, que las primeras elecciones las ganó un falangista, que uno de los principales partidos está fundado por un ministro franquista y que hubo absoluta impunidad para todos los responsables de una dictadura militar y religiosa que mantuvo secuestrado a un país durante 40 años… Bueno, lo primero que te viene a la cabeza es el episodio de Big Bang Theory en el que los protagonistas descubren traumatizados que el personaje de Indiana Jones es totalmente irrelevante en el destino de El Arca Pérdida.

No, no os molestéis en explicárselo. Los baby boomers creen firmemente que todo se lo curraron ellos y que llevamos una vida regalada. Regalada por ellos, claro. Nada que rascar con los baby boomers, amigos. Además, ya bastante hicieron por nosotros, malditos desagradecidos. ¿Qué más queréis?

Vale, una vez asumido, comprendido y deglutido que la Transición (ponedlo siempre con mayúsculas que si no, se enfadan) no fue más que una vistosa chapuza, entremos de lleno a lo que hicimos nosotros, la maravillosa generación X al respecto. Y ahí cuidado, ¿eh? Nos podéis echar en cara muchas cosas pero nadie podrá decirnos que no estuvimos a la altura de la tradición nacional. Porque ¿qué hace un español cuando se encuentra una chapuza? Pues lo suyo: añade un remiendo y a ir tirando.

Y eso hicimos nosotros con este sistema, amigos milenials. Nosotros, la primera generación con acceso generalizado a la universidad, la generación que aún sigue dando la vara con La Bola de Cristal, La Pantera Rosa y el puto David el Gnomo, los que nos vanagloriamos de la niñez tan de puta madre que tuvimos, nos hemos limitado a ir tirando, a no tocar nada, a dejarlo todo tal y como nos lo encontramos. Porque la equis de nuestra generación no tiene que ver con cómics de la Marvel ni con pelis porno de Private ni con un elemento químico misterioso. No, es la equis que pones en la quiniela en la casilla del Levante-Sestao. Es la equis del que no se moja, del que no opina, del que no tiene ni puta idea, vaya.

¿Qué hicimos? Dejar que todo se pudriera, eso hicimos. Éramos los encargados de crear una sociedad avanzada y digna de la generación mejor preparada de la historia (esos sois vosotros, milenials). En cambio, lo que realmente nos importaba era pegar pelotazos y meter dinero en el ladrillo. Todavía, a estas alturas, España está plagada de cuarentones esperando a ver si sube el ladrillo de una puta vez. Ni educación, ni estructuras, ni investigación. Una urbanización de pareados en mitad de un secarral de Murcia con piscina y campo de golf vendidos y revendidos mil veces a precio de oro el metro cuadrado. Eso era el progreso a finales del siglo XX y a principios de XXI, milenials.

Y mientras, todo se pudría a nuestro alrededor. Terrorismo de estado, prevaricación, comisiones ilegales, tráfico de influencias, financiación ilegal de partidos, cuentas en paraísos fiscales, corrupción de sindicatos, presidentes que acuden a declarar a la Audiencia Nacional como si fuera lo más normal del mundo… Ahí nació el mantra de nuestra generación, el “todos son iguales”, acompañado de un encogimiento de hombros que viene a traducirse en “déjate de hostias y vámonos de cañas”.

Y no: ladrones, sinvergüenzas y malos gobernantes los hay en todo el mundo. No son un monopolio de nuestro país. Lo que los hace diferentes, lo que es marca España desde hace ya demasiado tiempo es la impunidad. ¿Os suena la palabreja de cuando hablábamos de los baby boomers? Impunidad. Impunidad para robar a manos llenas, impunidad para privatizar, impunidad para mentir, impunidad para desmontar un estado de bienestar en un tiempo récord, impunidad para los poderosos, sean del color que sean. Impunidad.

Sabemos que nos estamos quedando sin sanidad y sin educación pública y que no vamos a cobrar pensiones. Pero lo comentamos con una risa nerviosa, mirando hacia el tendido, como si fuera un chiste. Es el síntoma de que estamos acojonados e intentamos ventilarnos las últimas migajas de un sistema que se desmorona. Eso es el retrato de la Generación X. De mi generación. Así que, si los baby boomers no os van a dar ni agua, a nosotros ni os acerquéis, que os pegamos un gruñido. Es nuestro grito de guerra y suena algo así como elcoletasvenezuelaesquesontodosiguales. Es lo que hay.

No sé lo que os espera, en serio. Si nosotros nos estamos quedando con las sobras, francamente, no tengo ni idea de lo que os va a quedar a vosotros. Así que mil perdones y, hagáis lo que hagáis, aseguraos de acabar con la impunidad. Y marcad un uno o un dos en la quiniela, aunque os equivoquéis. Pero nunca, nunca una equis. La equis es una puta mierda.

Suerte. La vais a necesitar.

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